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Noticias de La Coronada

Semana Cultural en el colegio de Nuestra Señora

fecha 2010-05-11 13:15:20
El CEIP Nuestra Señora de la Piedad, de La Coronada, celebra durante esta semana la VII edición de su semana cultural. Con motivo de esta celebración se han programado diversas actividades extraescolares, entre ellas la visita a la piscina climatizada de Villanueva de la Serena, un cuentacuentos, talleres organizados por la AMPA como rutas a pie y en bicicleta por los alrededores del pueblo, y la charla El paso de Primaria a Secundaria que la orientadora del centro dará a los padres de alumnos de 6º curso. Los alumnos podrán participar en los concursos de narración y de carteles. Como novedad destaca el concurso de fotografías Así es mi pueblo que celebra su primera edición. La semana será clausurada el viernes con la celebración del Día del Centro en el que algunos alumnos harán diferentes actuaciones musicales y se entregarán los premios de los distintos concursos.

El carnaval desenmascarado

fecha 2010-02-11 18:05:12
¿Cuál es el origen de los carnavales?, ¿qué forma adquieren en la actualidad a pesar de los embates del franquismo?, ¿cuáles son las costumbres asociadas a la tradición del carnaval en Extremadura?. Éstas son las preguntas que abordaremos como excusa para intentar comprender la fiesta como inercia socio-cultural y al mismo tiempo expresión de procesos y conflictos históricos, sociales y políticos. Y una cosa más ¿qué aporta el carnaval a la riqueza cultural de la región?.

Antes de entrar en mayores enjundias, habría que saber qué hay de viejo en esta historia de los carnavales extremeños. La propia palabra carnaval nos remite a otros conceptos más antiguos como carnestolendas, antruejos o carnal, sinónimos de la primera. Algunos autores sitúan el origen de la fiesta en la tradición griega y romana (saturnalias, lupercalias, matronalias, kalendae...). Si seguimos esta tesis, sería en la Edad Media y el Renacimiento donde la influencia del cristianismo dio lugar a la transformación en los significados y funciones de dichas fiestas, vinculándose por oposición indefectiblemente hasta nuestros días con la cuaresma. De esta manera, el carnaval tradicional es, en palabras de Caro Baroja, «hijo del cristianismo», nacido en «fechas oscuras de la Edad Media».

Podemos considerar el carnaval como paradigma de la transgresión. Se concibe como una alteración del orden establecido socialmente. Originalmente esta subversión era más profunda e implicaba mayor participación: no había ninguna clase de autoridad, toda la comunidad participaba (no se trataba de una exhibición de unos dedicada a otros a modo de espectadores). Pero aún hoy sigue encarnando los valores o mejor, contravalores, de desenfreno, gula, lascivia, burla en un escenario de supresión de normas y tabúes. El disfraz, así como otros elementos que señalaremos son parte de esa representación ritual del desorden que no hace más que canalizar en un marco temporal delimitado las pasiones contenidas el resto del año merced a convenciones sociales y religiosas.

En relación con el tiempo de carnaval, por definición se entiende que lo constituyen los tres días antes del Miércoles de Ceniza. Esta delimitación temporal es la que se aplica en las urbes, también en las extremeñas, a la hora de festejar el antruejo. Sin embargo, si tomamos esta definición del tiempo de carnaval en sentido estricto, habría que tener entonces en cuenta un período precarnavalesco que en las zonas rurales de Extremadura comenzaría en torno a los Santos Inocentes, San Fulgencio, San Antón, San Blas o San Sebastián. También son conocidas las celebraciones rituales que se realizan o realizaban a colación de las siguientes fechas: los Jueves de Compadre en Palomas, Ribera del Fresno, Casares de las Hurdes, Valencia de Alcántara...; Jueves de Comadre (Santibáñez el Bajo, Villanueva del Fresno, Aldehuela del Jerte, Torrequemada, Guijo de Granadilla, La Coronada, Valdelacasa del Tajo...), el Domingo Gordo (Cuacos de Yuste, El Cerezal, La Coronada, El Gasco...) y el Domingo de Piñata (Azuaga, Valencia de Alcántara, Albalá...).

La anotación mencionada evidencia la existencia de otras diferencias cualitativas entre estos dos tipos de carnavales que coexisten hoy en día en tierras extremeñas: por un lado un carnaval urbano y por otro, la pervivencia de uno rural. Siguiendo los planteamientos del profesor Marcos Arévalo vemos que el urbano se caracteriza por reproducir al mismo tiempo un modelo oficial-institucional de forma consciente y otro inconsciente de carácter espontáneo y popular. Combina fiesta y espectáculo. Conlleva un ciclo de celebraciones más reducido y concentrado, utiliza material estética y plásticamente más rico que el que encontramos en zonas rurales y resulta un carnaval más institucionalizado y consiguientemente más reglamentado. Podríamos decir que se muestra domeñado «verticalmente» y apuntar que esto es así por la influencia de la espectacularidad que exhiben los medios de comunicación, el aburguesamiento presente en actos como las elecciones de reinas o la implementación de pautas restrictivas como la celebración de actos en lugares cerrados y de acceso limitado. Todo esto da cuenta de los niveles de estandarización presentes en localidades con un mayor número de habitantes. Se generan pautas organizativas e identitarias como agrupaciones de comparsas, murgas, pertenencia a asociaciones de amigos del carnaval, participación por barrios y vinculación de identidad también con la localidad. Este desfile de identidades desencadena naturalmente rivalidad y búsqueda de prestigio.

Carnaval callejero

El carnaval rural combina ritual y fiesta con alto grado de participación donde la espontaneidad se apodera del espacio por antonomasia del carnaval: la calle. Hay mayor pobreza estética y de recursos, suele estar protagonizado por figuras y grupos en torno a las que gira el ritual, así como presencia de animales imaginarios y/o reales. Se da mayor transgresión de normas e inversión de los valores. Así mismo encontramos expresiones de una antigua estética popular que delatan un sabor distintivo, como arrojar, pegar, cambiar cosas de sitio o el mantenimiento de expresiones orales, gestuales y kinésicas peculiares. Podemos decir que se trata de un carnaval más pobre pero más creativo.

Años del Franquismo

Pero la fiesta obviamente no siempre ha sido como la conocemos hoy. Bien sabido es que durante la guerra y el franquismo la fiesta del carnaval sufrió un duro revés tanto en Extremadura como en el resto de España a pesar de que, como afirma Ramos Santana, esta festividad no sea otra cosa que un ejercicio de «moral cristiana que reconoce los derechos de carnalidad». La imposición dictatorial provocó que se perdieran manifestaciones peculiares del carnaval como los Jarramachis de la sierra de Tormantos. Aún así, en algunas áreas se mantuvo en un delicado equilibrio bien trastocando el nombre por el de fiestas de invierno (Navalmoral de la Mata), bien desde la permisividad de bailes pero sin máscaras como en núcleos más grandes de las Hurdes o desde la velada aceptación de las bromas, bullicios y bailes, en zonas rurales como Sierra de Gata o La Vera. Hacemos notar aquí la importancia de la música en el mantenimiento de la expresión festiva. En ciudades como Plasencia, Zafra o Badajoz, el carnaval podría decirse que fue totalmente eliminado, si bien es cierto que en toda Extremadura, la llegada de la democracia y la búsqueda de una identidad autonómica sirvieron para favorecer un auge del carnaval en todos los puntos de la región de la mano de la gente de «a pie» pero también de las instituciones.

Este proceso lleva aparejado sus riesgos y amenazas. La mano institucional tiende a homogeneizar y a provocar la turistización y espectacularización acotando o mutilando la espontaneidad callejera en lugar de intentar recuperar formas de hacer tradicionales basadas en el laissez faire popular del carnaval.
Pero si seguimos avanzando en el conocimiento de las carnestolendas extremeñas, antes debemos señalar que este tiempo incluye una amalgama de formas rituales presentes también en diferentes puntos de la geografía española, y en bastantes casos impulsados por los quintos. Es momento de hacer un repaso por algunos de los carnavales más singulares en base a esas celebraciones ritualizadas.

-Arrojar salvado y harina

Es bastante conocido el día del Enfariñamiento en Cedillo, que consiste en arrojar harina. De la misma manera el lanzar salvado o agua es común en Higuera la Real o Robledillo de Trujillo entre otros.

Quemar estopas.

En Torre de Don Miguel así como en otros puntos de Sierra de Gata se sigue celebrando la quema del capazo.

-Correr los gallos.

Esta práctica es y/o era muy habitual en pueblos como Gata, Albalá, Cilleros, Miajadas, Robledollano, Tornavacas, Peraleda de San Román y Guijo de la Jara.
Debido a la nueva sensibilidad medioambiental, o bien se han modificado o bien han sido suprimidas.

-Arrojar agua con pucheros o tirar tiestos

Pucheros, ollas, bombillas en las casas o en las calles. Esta práctica se puede vincular con localidades como Robledillo de Trujillo, Navalvillar de Ibor, Malcocinado, Feria, Alconchel...

-Maltratar peleles (botargas, mojigangas).

Sobradamente son conocidas y reconocidas las fiestas en torno a una efigie que se convierte en ídolo festivo y chivo expiatorio capaz de aglutinar de modo catártico a vecinos y turistas en torno a sí. Son el Pero-Palo de Villanueva de la Vera, el Jarramaplas de Piornal, las Carantoñas de Acehúche, las Pantarujas de Almendralejo, el Jurramachos de Montánchez, los Compadres de Ribera del Fresno y Fuente del Maestre, el Febrero de Cáceres...

-Usar el tradicionalmente llamado traje regional

Se usa también en diversos puntos como Montánchez o Gargüero. Interesante es la reflexión que plantea Marcos Arévalo al preguntarse si se trata de una herramienta para igualar las clases sociales (teniendo en cuenta que lo considerado traje regional no era más que una imitación popular de las modas de las élites).

-Pedir huevos y chorizos.

Es muy común también que los quintos realicen los tradicionales aguinaldos y petitorios de los productos derivados del cerdo. Éstas son algunas de las localidades donde esta práctica se llevaba a cabo y aún se mantiene: Berrocalejo, Valverde de la Vera, Pueblonuevo de Miramontes, Campillo de Deleitosa, La Garganta, Pinofranqueado, Segura de Toro y Cuacos de Yuste.

-Vaquillas.

Este festejo mantendría correspondencia con todo lo que de caos representa en nuestra cultura la bestia como animal desatado frente al hombre. Encontramos vaquillas figuradas y vacas embolás, pendonas, antruejas... que salen o salían en localidades como Moraleja, Ceclavín, Garvín de la Jara, Torreorgaz, Hoyos, Losar de la Vera, Plasencia o Mérida entre otras muchas.

-Poner sahumerios en los zaguanes.

Esta práctica está muy extendida por el norte cacereño y el sur de la provincia de Badajoz.

-Adornar, pasear, emborrachar y sacrificar machos cabríos.

También es denominado «correr los machos» o lo que es lo mismo, engalanar con cintas, cencerros y campanillas, machos cabríos en Jerte, Cabezabellosa, Cabrero, La Granja...

-Tiznar la cara con corcho quemado y otros materiales.

Esta costumbre se concreta en el Día del tiznote o del tizne (martes de carnaval) o el Mascarón y es conocida en pueblos como Campo Lugar, Maguilla, Santa Ana, Navalvillar de Ibor, Puerto de Santa Cruz...

-Comensalidad pública y consumo ceremonial ingente.

El plato habitual para estos menesteres es la carne de cerdo o platos con carácter emblemático como la sopa de antruejo. Señalamos el caso del Domingo Gordo de Zafra, denominado Bacanal de la Grasa.

Se trata de contrarituales habituales durante la II República, antes y después de la Guerra Civil y durante la Transición. Llegaron a existir y aún hoy se mantienen algunas cofradías de Ánimas, las cuales se estructuran jerárquicamente y se relacionan con el culto a las almas del purgatorio. En Villar del Pedroso encontramos vigente aún hoy el carnaval de ánimas.

Para concluir, recordaremos que algunas de estas prácticas se han perdido, otras se han recuperado, otras se han reinventado o adaptado y las que se mantienen, no nos engañemos, tampoco son lo que fueron. No sabemos qué le deparará el futuro al carnaval, pero la riqueza cultural de la que hablábamos al principio se experimenta en las propias «carnes» con disfraz o sin él, aunque sólo sea leyendo sobre los tejemanejes de Don Carnal.

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